¿Y si paramos el mundo?

Paramos el mundo

Vivimos en una sociedad que funciona a mil por hora. Se nos han olvidado los detalles. Las pequeñas cosas, los buenos momentos, y a veces, te das cuenta de todo lo que echas en falta de todas esas cosas pequeñas. ¿Y si paramos el mundo? Así titulé este post que creo que será diferente a los demás.

Se viene un post muy personal.

Este post viene a correlación de un tweet de hace unos días:

¿Necesito parar?

Es cierto que estamos en una crisis mundial sanitaria, y muchas veces me siento hasta mal, con toda la gente que lo está pasando mal, que han despedido de su trabajo, pero los profesionales que trabajamos en tecnología, muchos de nosotros, estamos que no paramos.

Poder permitirse parar días, semanas o incluye meses solo podemos hacerlo solo las más privilegiadas o privilegiados.

Si que he dado con la conclusión que necesito poner el freno y parar muchas cosas, me estaba pasando de castaño oscuro y hasta estoy planteándome contratar a alguien, necesito un consejo de sabias con mi compañera para terminar de decidirme.

Cabreada con el mundo

Muchas veces, estoy como cabreada con el mundo, pero sé que necesito parar, necesito descansar y me dan ganas de gritar. Gritar que parece que tenemos que ser perfectas, trabajar mil horas y que no podemos hacer las cosas mal.

Llevo unas semanas sin rendir una mierda, no puedo programar, no puedo leer nada, no puedo gestionar nada en condiciones, tengo todo el trabajo desorganizado, los plazos ya ni te cuento y luego del tema personal ni hablamos, porque lo de la conciliación está siendo un caos.

Luego tengo la sensación que todo es culpa de los demás, y que nada es culpa mía, y luego me doy cuenta que no es culpa de nadie. Que tenemos derecho a confundirnos y no ser tan perfectos siempre.

La pandemia y mi estado emocional

Llevar un año sin poder a ver a nadie, con mis amigos y familia en otra comunidad, con mi pareja en la otra punta del país (a 1000kms) viviendo sola y haber empezado una vida nueva, con mudanza y sitio en el que no conozco a nadie justo tres semanas antes de la pandemia, pues no ayuda.

Y bueno, estoy orgullosa, pero también tengo que pensar que no soy de piedra, y que un sin fin de sentimientos pasan por mi menta día, tras día, tras día.

La verdad que muchos días, me acuesto pensando que mi compañera y amiga Nora Ferreirós ha tenido que aguantarme de lo lindo este año, y que he sido muy egoísta, porque ella también ha sufrido lo suyo, en esta pandemia cada uno hemos tenido una historia personal bastante trafica y que en vez de escuchar más me he pasado los días quejandome.

Y si, a los que me recomendáis que vaya a un profesional, lo estoy haciendo, estoy muy contenta pero hay épocas que son difíciles de pasar sola.

Dejar tus aficiones

Lo que más me duele de toda esta situación que estoy viviendo es dejar mis aficiones de lado y mi salud: comer bien. Dejar el deporte, leer, pasear y jugar a la consola son las de las cosas que más me han afectado.

Me encanta el deporte, hasta hace no mucho, era una persona que no podía estar sin hacer deporte. Practico natación, running, fútbol sala, y ciclismo (este último lo que más).

Cuando le digo a mucha gente que no estoy haciendo deporte no porque no quiero, sino porque no puedo, mucha gente no me cree. Es muy difícil de explicar si no has tenido alguna vez ansiedad. Pero es de las primeras cosas que le dije a la psicóloga.

Para mi por ejemplo hacer ciclismo y natación eran dos cosas que me salvaban la existencia. Nadaba todos los días por la mañana, antes de ponerme a trabajar, y cogía la bici unas tres veces por semana (me hacía de 100 a 150kms a la semana).

Y para poder hacer esas cosas que quiero, tengo primero que solucionar las otras cosas, y luego podré hacer deporte, comer bien y me preocuparé por la nutrición, porque ese es otro tema. Este año he engordado mucho y es una de las cosas que también me preocupa. Pero como me decía mi psicóloga, vamos poco a poco.

¿Escapada y como nueva?

Como estaba al borde de mandar todo a la mierda, decidí cruzarme todo el país ya que tengo clientes allí y tenía que hacer reuniones (son de esos clientes que lo de la tecnología mal) y pasar unos días con mi pareja.

Mientras escribo esto, estoy en la otra punta del país y os puedo decir que estoy muchísimo mejor que hace 10 días. Aunque claro, no sé si cuando vuelva el Domingo estaré de nuevo deprimida, pero los abrazos son terapéuticos. Creo que el cariño, las cosas del día a día, hasta «discutir» con mi pareja me han dado la vida.

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